Cené en Anhelo con la expectativa de encontrar una propuesta bien armada, sin artificios ni ruido innecesario, y la experiencia respondió con solidez. No es una cocina que busque titulares fáciles ni impactos forzados; es una cocina que se apoya en el conjunto y en una idea clara de equilibrio gastronómico.
Desde el primer momento se percibe una propuesta pensada para disfrutarse con calma, donde todo encaja dentro de un mismo discurso y nada parece fuera de lugar.
El menú Sentidos como eje de la experiencia
Elegí el menú Sentidos, de los tres que ofrece la casa. Para mi gusto, es el más equilibrado y el que mejor representa la identidad del restaurante, algo que además el propio equipo confirma como el más demandado.
El recorrido está bien medido en tiempos e intensidad. Tiene una progresión lógica, sin picos excesivos ni caídas evidentes, y permite disfrutar de la cena sin sensación de fatiga. Esto es algo que valoro especialmente en un menú degustación: que el conjunto se mantenga cómodo hasta el final.
A nivel general, la experiencia fue muy consistente. No hubo platos que desentonaran ni decisiones que parecieran forzadas. Todo funciona dentro de un mismo marco, lo que refuerza la sensación de control y criterio en cocina.
Servicio, sala y experiencia global
El servicio acompañó de forma correcta y cercana. Atentos a la mesa y a los tiempos, sin rigidez ni protagonismo innecesario. La cena fluyó con naturalidad, algo que siempre suma a la experiencia global.
Al finalizar, el chef se acercó a las mesas para preguntar por la experiencia. Es un gesto sencillo, bien ejecutado, que aporta cercanía sin caer en la pose y refuerza la sensación de proyecto cuidado.
Pastelería y bollería: el rasgo más reconocible
Si hay un punto donde Anhelo deja una huella clara, es en todo lo relacionado con la pastelería y la bollería. Aquí se percibe una base sólida y un oficio previo que se integra de manera natural en la propuesta gastronómica.
El croissant relleno, en particular, está especialmente logrado: buen laminado, sabor limpio y un relleno equilibrado que acompaña sin imponerse. Es uno de esos bocados que permanecen en la memoria al terminar la cena y que explican bien el sentido del conjunto.
El vino como acompañamiento
Para acompañar la cena, nos decantamos por un tinto de Bobal valenciana que funcionó muy bien durante todo el menú. Un vino bien integrado, sin buscar protagonismo, pero sumando al conjunto y respetando el tono de la propuesta gastronómica.
Valoración final
Mi valoración de Anhelo es claramente positiva. Se trata de una propuesta honesta, bien pensada y ejecutada con criterio. Una cocina que encuentra su fuerza en el equilibrio y en una identidad clara, donde la herencia pastelera se percibe más como una forma de entender el conjunto que como un recurso puntual.
Salí satisfecho, con la sensación de haber cenado muy bien y con ganas de volver, que al final es la mejor conclusión posible tras una experiencia gastronómica.
David García
Gerente de Trebol Tree